Leila vive en Comodoro Rivadavia. Está a punto de estallar el conflicto bélico en Malvinas cuando encuentra un flamenco rezagado en la playa. Mientras su madre trabaja en el hospital y su abuela se queda en casa con ella, la ciudad se vuelve un lugar cada vez más hostil, sin luces por la noche, con ventanas tapiadas y mochilas duplicadas para una evacuación inminente. La presencia del flamenco le da una distracción que le ayuda a afrontar las circunstancias, pero en la medida que los días pasan, es cada vez mas difícil evadir la realidad.







